ALABANZA 

“Si traes tu ofrenda (de alabanza) al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti,… reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mat. 5:23, 24)

 Un culto de alabanza no es una droga para llenarnos de Dios. La emoción del cántico no produce en nosotros una espiritualidad. La espiritualidad no es una sensación, es una relación con el Señor que se mantiene como se mantienen todas las relaciones, dedicando tiempo y energía a ella. Si no estamos viviendo una relación de respeto y obediencia al Señor, la alabanza en una farsa. ¿Cómo nos atrevemos a cantar al Señor cosas como: “eres el máximo, nadie más llena mi ser como tú; eres el amor de mi vida; me inspiras y me satisfaces, eres mi Señor y mi Rey; mi gozo es alabarte; mi único motivo para vivir eres tú, mi Señor”, y más cosas similares, si ni siquiera leemos la Biblia?  ¿Cuántos creyentes pasan una hora con el Señor cada día? Si hablamos o cantamos cosas hermosas a Dios sin amor verdadero para él,“venimos a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe” (1 Cor. 13:1); nuestra música es un ruido estrepitoso en los oídos de Dios.

   Cantamos: “Cúbreme, con tu amor rodéame; quiero estar más cerca de ti”. No puedo imaginar el apóstol Pablo cantando esto. Además esta letra es demasiada romántica para que la cante un hombre. Es casi erótica. Muchas veces cantamos cosas que suenan más como la serenata de un hombre a su novia que una adoración dirigida a Dios. Producen sensaciones muy hondas en nosotros, ¿pero son espirituales o carnales? Si queremos estar más cerca del Señor, ¿qué hemos de hacer? ¡Averiguar la causa de nuestra lejanía!  Arrepentirnos del pecado nos separa de él, si esto es el problema. Obedecerle. Buscarle con más ahínco. No pidamos que Dios tome aquellas iniciativas que nos corresponden a nosotros.  

   Cantamos: “Quiero levantar mis manos; quiero levantar mi voz, ofreciéndote mi vida en santidad y amor”. Esto está muy bien, si uno realmente tiene la intención de vivir una vida santa. Pero no puedes cantar esto, ni nada parecido, si has insultado a un hermano de la iglesia hace meses y no le has perdido perdón. (Tampoco debes participar de la mesa del Señor, pero esto no es nuestro tema.) Si contestas  mal a un responsable de la iglesia, si no te sometes a tus líderes espirituales, no cantes. Si tu corazón está en el mundo, no se lo ofrezcas a Dios. No lo puede recibir en estas condiciones. Si vas a la discoteca y luego quieres cantar y bailar en la iglesia con una música parecida, tienes un concepto de Dios muy equivocado: te has inventado un dios que no existe. Si miras porno en Internet y luego cantas que quieres ver a Dios, es sacrilegio. Si juegas con el satanismo, y cantas música rozando temas satánicos, no vengas a cantar a Dios, porque no se puede participar de la mesa del Señor y la mesa de los demonios. Hermanos, con estas cosas estamos en grave peligro de incurrir la ira de Dios. Cantar sin santidad es una falsa religión.

“Hermanos, os exhorto… a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios” (Rom. 12:1), entonces nuestra alabanza subirá al cielo como un sonido grato en los oídos de Dios.             

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