CABEZA Y CUERPO EN EL PENSAMIENTO DE PABLO

“Cristo es la cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo” (Ef. 5:23).

 Pablo usa la palabra “cabeza” para referirse a liderazgo o dirección o autoridad. La cabeza toma las decisiones para el cuerpo, y el cuerpo se sujeta a la cabeza.

 1. Cristo y la iglesia:

“Cristo es la cabeza de la iglesia que es su cuerpo” (Ef. 5:23). “La iglesia está sujeta a Cristo” (Ef. 5:24). “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia. Porque somos miembros de su cuerpo, de su carne, y de sus huesos” (Ef. 5:29, 30). Lo que vemos en estos versículos es que Cristo ama profundamente a su cuerpo y lo sostiene y lo cuida. No obstante, el cuerpo no dicta a la cabeza, sino se sujeta a ella, porque sabe que tomará las decisiones que lo convienen.

  2. El marido y su mujer:

“El marido es la cabeza de la mujer” (Ef. 5:23). “Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a su marido en todo” (Ef. 5:24). “Así también los marido deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama” (Ef. 5:28). Vemos que la misma relación existe entre el marido y la mujer como entre Cristo y la iglesia. El marido ama a su mujer como a sí mismo y la mujer se sujeta a esta persona que la ama y busca su bien.

 3. Mi cabeza y mi cuerpo.

¡Nuestra cabeza debe dirigir nuestro cuerpo! El propósito de lo anterior fue explorar la relación entre mi cabeza y mi cuerpo, siguiendo esta misma línea de pensamiento. La cabeza ama el cuerpo y busca su bien, y el cuerpo se sujeta a la cabeza. Ahora esto parece evidente. Nadie lo discute, pero el caso es que ¡no funcionamos así! ¡Muchas veces es el cuerpo el que dicta a la cabeza! Si al cuerpo le apetece algo, se lo cedemos. Si quiere comer algo, se lo compramos. Si quiere sexo, pues, sexo. Si quiere descansar, se lo consentimos. Si quiere relajarse sin hacer nada, pues esto hacemos. Si hay un montón de trabajo por hacer y no apetece en absoluto, lo aplazamos. ¡Parece que el cuerpo manda! La cabeza sabe mucho más que el cuerpo, sabe lo que el cuerpo debe hacer, aunque no apetezca. Por eso el Apóstol Pablo dijo: “Golpeo mi cuerpo, lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” (1 Cor. 9:27). Claro, su cuerpo no quería sufrir privaciones. No quería pasar hambre, no quería ir caminando al pueblo siguiente. Temía ser apedreado. No quería pasar fatigas. Predicar el evangelio era peligroso para el cuerpo. Ser pobre le privaba de muchas cosas. Encontrarse en el cepo en un matamoros oscuro y maloliente no era jauja para el cuerpo. Nuestra fidelidad a Cristo va a costar mucho a nuestro cuerpo. El cuerpo se va a quejar. La cabeza, es decir, nuestra mente, tiene que mandar sobre el cuerpo si vamos a obedecer a Cristo y servirle como él quiere. Tendremos que ser firmes con el cuerpo y decirle lo que tiene que hacer, aunque proteste. Necesitamos el fruto del Espíritu que es autodominio. Es dominio de la mente sobre el cuerpo; es autodisciplina, No es masoquismo, es el uso del cuerpo para hacer lo que Dios pide que hagamos, guste o no. Esta es una área del discipulado que tenemos pendiente.

V2BibleBooks 2010 - carte du site - contact - photos