CONFIAR O NO CONFIAR EN ESTE DIOS

 “Si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, o a los dioses (de este mundo); pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24: 15).

 ¿Cómo puedes confiar en un Dios que te hace sufrir? 

             Jesús lo hizo.

             Job también.

             El apóstol Pablo también.

             Y todos los cristianos perseguidos, enfermos, con pérdidas…

 ¿Qué quieres: un Dios que te mime y te dé todo lo que quieres, que no permite ningún sufrimiento en tu vida, ni en la de nadie que tú amas? Mucha gente quiere un Dios así, que no permite el mal. Puesto que lo permite, no creen en Él.
 La Biblia nos revela que el sufrimiento tiene sentido. Job sufrió para que podamos entender cómo es Dios, cómo es Satanás, y cuál es el dilema del hombre, cogido en medio, entre dos fuegos. No acusó a Dios de injusticia por el papel que le tocó. ¿Qué habrías hecho en su lugar: rebelarte contra Dios? ¿Capitular al enemigo? ¿Crees que él te va a dar la vida que tú deseas? Mucha gente piensa que sí. Este es el mayor engaño que hay. “El mundo entero está bajo el maligno” (1 Juan 5:19).
 ¿O dices que no quieres estar en el campo de ninguno de los dos? Pues este es el mundo que hay, solo hay dos lados. No puedes inventarte otro. O bien estás en el campo de Dios, o bien en el campo del otro, y en ambos hay sufrimiento, porque el sufrimiento forma parte de este mundo que hay.
 ¿Por qué existe el sufrimiento? A esto no llegamos, pero adonde sí llegamos es que Jesús sondeó el abismo del sufrimiento y destruyó su poder. Para los que estamos en Él, el sufrimiento no nos destruye, nos hace más como Él. Nos glorifica, como glorificó a Job.
Hay un Dios que permite el sufrimiento y un diablo que lo causa, y estamos en medio. Capitular al lado del enemigo no nos libra, pero ser leales a Dios, sí, a la larga. Mientras tanto, ¿de parte de cuál de los dos vamos a estar? Esto determinará nuestro estado final. Maldecir a Dios por el sufrimiento fue la opción de la esposa de Job. Él, en cambio, se mantuvo fiel a Dios. Un día el sufrimiento terminará y lo que hemos decidido hacer en medio de él determinará nuestra suerte eterna. Yo, por mi parte, opto por Dios, no porque me deja sin sufrir, sino porque es un Ser Magnífico, y es la gloria de mi vida estar bajo su sombra. 

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