DINERO MAÑANA 

“¡Vamos ahora! Los que decís: Hoy y mañana iremos a tal cuidad, y estaremos allí un años, y traficaremos y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana” (Santiago 4: 13, 14).

 Hay dos actitudes hacia el dinero que las Escrituras condenan. Una es confianza en uno mismo para suplir sus necesidades económicas, en sus proyectos económicos,  inversiones y ganancias. La otra es preocupación en cuanto a lo económico: “Por lo tanto yo (el Señor) os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer yo qué habéis de vestir. No os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal” (Mateo 6:25, 34). La confianza en uno mismo, sin contar con Dios, está mal, y la desconfianza en Dios está igualmente mal.
 Los que dicen: “Mañana iremos a tal cuidad, traficaremos y ganaremos” pecan de orgullo y soberbia. El apóstol les dice: “Os jactáis en vuestras soberbias” (v. 16), porque no van con la humildad de decir: “Si el Señor lo permite, viajaré a tal cuidad y trabajaré en aquello y ganaré dinero, si Dios me concede salud y vida. “¿Qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece” (v. 14). La vida no es segura. ¿Cómo sabemos que vamos a estar vivos de aquí a un año? Sin embargo, el no creyente, ¡y algunos creyentes también!, monta la vida así. La organiza alrededor de sus planes económicos y cuenta con vivir muchos años.
 ¿Dónde estaremos el año que viene? ¿En qué estaremos trabajando? ¿Estaremos vivos? No lo sabemos. El creyente toma a Dios en cuenta como factor decisivo al hacer sus planes y dice: “Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello” (v. 15), expresando su impotencia para controlar su salud, vida y trabajo, y su total dependencia en Dios.
 El Señor Jesús, hablando de este tema, nos asegura que somos importantes para nuestro Padre celestial. Tenemos mucho valor ante los ojos de Dios: “Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?” (Mateo 6: 26). El pájaro vive al día; no guarda comida para el día de mañana. Dios hace hermosa los lirios y la hierba del campo, aunque sea de poca duración. Si Dios ama su creación y provee para sus necesidades, ¿no hará lo mismo para nosotros que valemos mucho más y somos de duración eterna?  Nuestra vida es “más que el alimento y el cuerpo más que el vestido”, porque somos seres espirituales. La vida es para conocer y servir a Dios, como nuestra primera prioridad, y Él proveerá para nuestras necesidades físicas.
Ni autosuficiencia, ni preocupación, sino confianza en Dios.   

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