EL NO-CONOCIMIENTO DE DIOS 

“No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Velad debidamente; y no pequéis; porque algunos no conocen a Dios; para vergüenza vuestro lo digo” (1 Cor. 15:33, 34).

 La primera parte de esta admonición es evidente: si nos asociamos con los del mundo, es fácil contagiarnos con su mentalidad. Algunos se engañan pensando que no pasa nada si van con sus amistades no creyentes y participan con ellos en sus actividades. El apóstol lo hace muy claro que esto es un engaño, que no es posible compartir su manera de vivir y no contaminarse: “Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres”. Esto es así, y hay que darse cuenta de ello. Hay que velar debidamente y no pecar. Ojo. Estaos al tanto. Una vida influenciada por el pecado conduce a la apostasía total. Allí está el peligro.
 Vamos al versículo siguiente. Había en la iglesia de Corinto un grupo que se oponía a la enseñanza del apóstol Pablo. De ellos Pablo no dice que no tienen conocimiento de Dios, sino que tiene el “no-conocimiento” de Dios, o sea un conocimiento erróneo que es peor que no tener ninguno. No es la falta de algo bueno, sino la posesión de algo perverso, un anti-conocimiento, un conocimiento equivocado. Lo que está mal es su concepto del carácter de Dios. Han corrompido su comprensión de cómo es Dios para acomodarse a un vida de pecado y hacerla compatible con su concepto de Él. Es una forma de justificar vicios, inmoralidad, mundanalidad, frivolidad profana, y libertinaje: con un concepto equivocado de Dios. No son ateos, profesan ser creyentes. Pretenden compaginar la inmoralidad con un concepto “ajustado” de Dios que lo admite. Es como decir: Como Dios es amor, y si hay amor en el sexo, cualquier clase de sexo es permitido. Es decir: Dios no quiere que esté infeliz, así que me divorcio de mi marido y me caso con otro. Es decir: No importa si un creyente se casa con un inconverso, si están felices, esto es lo que cuenta, porque Dios no es un aguafiestas.
 Estos enseñadores estaban dentro de la iglesia, guiaban mal la congregación, y eran un peligro. Por eso también el apóstol dice: “Velad debidamente, y no pequéis”, porque negar la santidad de Dios, que es una parte intrínseca de su carácter, conduce a la práctica de pecado. No podemos fabricar a un Dios a nuestra medida para justificar nuestro pecado sin cometer un error garrafal de consecuencias eternas.
El apóstol dice que es para la vergüenza de la iglesia de Corinto que éstos estaban dentro sin ser parados. No conocían correctamente a Dios. Lo que tenían que hacer los verdaderos creyentes era corregirlos, contrarrestar su influencia y poner las cosas en orden para que la iglesia fuese pura, fundada sobre una comprensión correcta de la naturaleza de Dios.

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