EL SEÑOR, PODEROSO EN BATALLA 

“¿Quién es este Rey de gloria? Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla” (Salmo 24:8).

 ¿En qué consiste la batalla por las almas? Hay diversidad de opiniones sobre esta cuestión. ¿Es batallar contra Dios para convencerle de que debe espabilarse y salvar a tal persona? Esto es lo que muchos piensan, y lo que el enemigo quiere que pensemos, que el que está frenando la conversión de las almas es Dios, porque no se mueve. Otros opinan que hemos de enfrentar al diablo, que la lucha consiste en batallar con el diablo para que suelte a su prisionero. Is. 14:17 habla del diablo como el que no suelte a sus prisioneros: El diablo es el “que puso el mundo como un desierto, que asoló a las ciudades, que a sus presos nunca abrió la cárcel”. ¿Lo hemos de hacer nosotros? No; esto es lo que hizo Jesús, y el único que pudo hacerlo: “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel(Is. 61:1).

 ¿Cuál, entonces, es nuestra parte el la batalla? (1) Predicar libertad a los cautivos, es decir, anunciar el evangelio. Si creen, están libres. La muerte de Cristo los ha liberado. (2) Resistir al diablo. Estar firmes. Guardarnos de la impureza sexual, la falsa doctrina, la falsa religiosidad, y no sucumbir ante al persecución. Que son las armas principales que el diablo usa contra nosotros. (3)Y es rogar que Dios les perdone. Veremos como dos experiencias de Abraham con Lot ejemplifican estos dos principios.

 ¿Cómo rescató Abraham a Lot cuando fue capturado por una coalición de enemigos? Abraham y sus soldados fueron a la batalla literal y conquistaron al enemigo con la ayuda de Dios (Gen. 14). Ahora, en nuestros tiempos cuando la batalla es espiritual y no literal, ¿a quién vamos a atacar? ¿Al inconverso? No. ¿Al diablo? Tampoco. En nuestros tiempos tenemos a Uno que ya fue a la batalla a favor nuestro, Cristo Jesús, quien venció al enemigo. Si el enemigo ya está vencido, ¿dónde está el problema, entonces? Con el inconverso. ¡No hemos de atacarle, sino convencerle! El diablo ha cegado su entendimiento, mas la palabra de Dios da luz a los ciegos. Aquí tenemos el remedio. La solución del problema no es atacar al diablo, sino predicar la palabra de Dios al inconverso y Dios le dará luz.

 Esta fue la primera vez que Lot por poco se perdió. La segunda fue cuando vivía en Sodoma y Gomorra y Dios estaba a punto de destruir esas ciudades. Esta vez el que le ponía en peligro de muerte no era el diablo, sino Dios. La solución era interceder para que Dios no lo destruyese juntamente con los impíos. Esto es lo que Abraham hizo (Gen. 18), intercedió a favor de los justos en estas ciudades y Dios mandó a dos ángeles para sacar a Lot y a su familia de allí.

 Concluimos, entonces, que si la persona está capturada por el diablo, lo que hemos de hacer es predicarle el evangelio, no luchar contra el diablo. Jesús ya venció al diablo. Y si la persona está bajo el juicio de Dios, lo que hemos de hace es interceder por él (1 Jn. 5:16), y pedir que sea librado del juicio justo de Dios.    

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