ESCUCHAR EL MISMO MENSAJE DOS VECES

“Vino palabra de Jehová por segunda vez a Jonás, diciendo:…” (Jonás 3:1).

 La palabra de Dos no cambia, pero yo cambio, y el “yo” que estoy escuchando un mensaje sobre cierto texto hoy no es el mismo “yo” que escuchó un sermón sobre el mismo texto el año pasado, o aun el mes pasado. Escuchamos el mensaje de la Palabra de Dios en el contexto de lo que estamos viviendo. Mis circunstancias van cambiando. La vida de mis amigos, familiares, iglesia, va cambiando. No es lo mismo escuchar: “Vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas” (Mat. 6:32), cuando tienes trabajo, que dos días más tarde cuando no te renuevan el contrato. La primera vez, la Palabra te llega fortaleciendo tu fe en la provisión de Dios. Te recordaba  que tienes un Padre que mira por ti. Te acordabas de las muchas veces en el pasado cuando proveyó por ti. Luego te despiden. Te viene a la mente el mensaje del otro día, abres tu Biblia y vuelves a leer y meditar en este versículo, y te viene una confianza y seguridad que el Señor os ayudará en este periodo difícil, hasta tener trabajo de nuevo.

O escuchas un mensaje acerca del perdón y tomas nota. “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro padre os perdonará vuestras ofensas” (Mat. 6:14, 15). Pasa el tiempo, y otro predicador presenta un mensaje similar sobre el mismo texto, pero a ti te llega de forma muy diferente, porque acabas de tener un problema con alguien.

 La Palabra de Dios es siempre nueva y siempre fresca y siempre te habla de lo que necesitas oír. Cuando Dios dijo a Jonás: “Levántate y vé a Nínive, aquella gran cuidad, y pregona contra ella” (Jonás 1:2), Jonás era profeta reconocido en el corte de Samaria, predicando prosperidad a Israel. Cuando la misma palabra le llegó un tiempo más tarde: “Levántate y vé a Nínive, aquella gran ciudad, y proclama en ella el mensaje que yo te diré”  (3:2), era otro Jonás; era un profeta que había desobedecido la voz de Dios, había sido disciplinado por el Señor, y estaba dispuesto a ir. La Palabra no había cambiado, pero Jonás sí. Antes no quería ir, ahora estaba maravillado de la misericordia de Dios que  le había salvado la vida. La voluntad de Dios no había cambiado, pero la persona que la escuchaba, sí.

 Dios manda su Palabra. Unos sacan una cosa y otros, otra. El Espíritu Santo la aplica de forma individual a cada uno, dentro de su contexto personal. Y una misma persona la recibe de una manera diferente hoy de cómo la recibió hace unos meses, porque ha cambiado desde entonces. Por este motivo, siempre nos acercamos a la Palabra de Dios con expectativa. Nunca sé lo que el Señor me dirá por medio de un texto conocido, que quizás sepa de memoria, o que ya he visto hace poco, pero sé que el Espíritu Santo me la vivificará y que la voz de Dios me llegará por medio de ella, y que será algo nuevo y vital para mí. 

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