FE Y GUÍA 

“Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré” (Gen. 12:1).

 Por la fe(Heb. 11: 8). , siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba”  Abraham 

Me desperté con el Espíritu Santo en mí cantando la frase del corito: “Rompiendo en fe”. El Espíritu de Dios me estaba hablando de tener fe en medio de muchos desafíos económicos. Saqué el himnario y seguí con el mismo tema. Cante “Fe de los padres” y luego, unas páginas más adelante encontré: “Guíame, oh Gran Jehová” y comprendí que el Señor me estaba diciendo que quería fe por mi parte y que, por la suya, Él me guiaría. 

 La fe sin la guía es un desastre, y la guía del Señor sin fe no nos lleva a ninguna parte. La fe sigue la dirección de Dios. Esta idea popular que yo decido lo que quiero y lo reclamo por fe y Dios me lo da, no es bíblica. Lo que la Biblia enseña es que el Señor dirige nuestra fe y nosotros seguimos su guía. Él nos dice lo que hemos de creer, nosotros le obedecemos y Él nos guía por el camino por dónde hemos de ir para recibir el cumplimiento de las promesas. La vida de fe es ir caminando poco a poco por el camino que nos va abriendo el Señor.    

 Abraham salió por fe sin saber a dónde iba. Obedeció y Dios le dirigió por el desierto. “Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré”. Dios le iba mostrando el camino a la medida que él iba andando por fe. Dios dirigió sus pasos y Dios dirigió su fe. Le mostró en qué tenía que poner su fe: en que Dios le daría una tierra y una descendencia. Dios concretó lo que Abraham tenía que creer: que sería el padre de muchas naciones y que su descendencia vendría por medio de Sara. Sara, en cambio, tuvo que creer las promesas que Dios dio a su marido y seguirle a él. La fe de la esposa es en que Dios guiará a su marido. Ella obedece a su marido y su marido obedece a Dios. “Sara obedeció a Abraham, llamándole Señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas” (1 Pedro 3:6).   

 Peregrino Tú me hiciste,

Este mundo no es mi hogar;

Me llamaste a seguirte

Y contigo un día morar.

 Guíame… guíame…

Por el pedregal

Tenebroso de la vida,

 A la patria celestial.    

         

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