GRACIA PARA SOPORTAR

 “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Cor. 10:13).

 Algunas pruebas son de larga duración. Los hijos de Israel estuvieron en el desierto cuarenta años. Año tras año anduvieron por tierras secas y áridas, bajo el sol abrasador con tormentas de arena, ataques del enemigo, peligros de animales salvajes, sin hogar, siempre esperando el cumplimiento de la promesa. En la prueba se presenta una solución fácil y rápida para acortar el sufrimiento. Esta salida se llama “tentación”. Los israelitas tuvieron la tentación de elegir a otro líder y volver a Egipto donde había una dieta variada, ¡no siempre este mismo maná! La tentación es rebelarse ante lo que Dios ha permitido y buscar una salida que satisfaga nuestros apetitos carnales.  

 Por ejemplo, decido que no me gusta la convivencia con mi marido, ha perdido su atractivo, así que, busco una solución rápida: otro hombre. No me gusta esta iglesia; me voy. Me canso de cuidar de mi madre; la pongo en una residencia. La solución de Dios en cambio es gracia para soportar. Resistimos la solución rápida y escogimos la de larga duración, la de ir recibiendo de Dios día tras día la gracia para soportar el largo camino que nos resta, año tras año de desierto, sin cambios, siempre el mismo panorama, pero me encuentro capacitada por Dios mismo para soportar lo insoportable. 

 Alguien dirá: “Yo pensaba que Dios siempre daba la salida. Esta no es ninguna salida, me deja en medio del problema como siempre”. La salida es Dios mismo. Es formar una relación con Él en que Él solo nos basta. Él llega a ser más real que el desierto, más real que mi “eterno problema”. Voy bebiendo de la Roca que me sigue por el desierto y puedo soportar el intenso calor, porque refresca mi alma: “Bebían de la roca espiritual que les seguía, y la roca era Cristo” (1 Cor. 10:4). Al ir bebiendo de Cristo, es decir, al ir recibiendo la Palabra y meditando en ella, creyéndola, y obedeciendo sus preceptos, voy bebiendo del Espíritu (el agua que fluye de la Roca) y se produce en mí el fruto de la paciencia, que es precisamente lo que me ayuda a soportar una situación que me puede durar toda la vida.

 La persona que vive así no está amargada, ni quejica. Está fresca y feliz. El maná del Cielo viene fresco cada día. Cada día es un nuevo capítulo en la relación con Dios. Encuentro que el maná es más rico y más variado que los puerros y ajos de Egipto. El agua de la Roca es un milagro que nunca me deja de sorprender. Sé en el fondo de mi alma que Dios me ve, me comprende, se complace de mí y me sostiene. Estoy milagrosamente sostenida por el inagotable caudal del amor de Dios. Él ha puesto mesa para mí en el desierto que me satisface totalmente.

 De esta manera, mujeres han soportado a maridos duros, iglesias áridas, el estrés de hijos rebeldes, la persecución por su fe en Cristo, enfermedades, trabajos agotadores, y no se han cansado. Han ido renovando sus fuerzas día tras día. La salida de Dios, la capacidad de soportar, es posible porque el agua de Roca (el Espíritu Santo) da una paciencia milagrosa que nunca se agota.

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