JESÚS Y SU MADRE

“Y entrando el ángel en donde ella (María) estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres” (Lu. 1:28).

María tuvo el honor más alto que pueda ser concedida a una mujer: fue escogida por Dios para ser la madre de su Hijo. El ángel de la anunciación le dijo: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Lu. 1: 35). El Espíritu Santo implantó la vida de Dios en su matriz y María dio a luz al Hijo de Dios. En su cántico de alabanza, María enfatiza que no es por mérito suyo que Dios le escogió por tan alto honor: “Entonces Mará dijo: engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador, porque ha mirando la bajeza de su sierva… santo es Su nombre” (Lu. 1: 46-49).

 Después del nacimiento de Jesús y los eventos alrededor de este acontecimiento, María no tiene mucho protagonismo en las Escrituras. Es mencionada unas cuatro veces más. La primera ocasión es cuando Jesús tuvo doce años y subió a Jerusalén con sus padres para la fiesta de la Pascua. Ellos no entendieron sus inquietudes en cuanto a su futuro ministerio como Mesías y los tuvo que reprender suavemente: “¿No sabías que en los negocios de mi Padre me es necesario estar? (Lu. 2: 49). Jesús enfatizó que su Padre era Dios, no José. 

Después tenemos la ocasión cuando Jesús y sus discípulos acompañaban a María y a sus hermanos a unas bodas en Caná de Galilea. En aquella ocasión Jesús enfatiza que no está sujeta a la voluntad de María, ni de la de ningún ser humano: “Jesús le dijo (a María): ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora” (Juan 2:4).

En la siguiente ocasión tenemos a Jesús predicando y su madre y sus hermanos le buscan. En esta ocasión Jesús afirma que su madre y sus hermanos no son los físicos, sino los espirituales: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre” (Mt. 12:48, 50).

La última vez que vemos a Mará con Jesús está al pie de la cruz. En esta ocasión Jesús dice que ya no es su madre, sino la de Juan: “Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre” (Juan 19:26, 27). Termina esta relación de madre-hijo para siempre. En el cielo Él será su Dios y ella una parte de su Novia, la Iglesia.

Es de observar que en ninguna ocasión que tenemos relatado en las Escrituras Jesús a María la llama “madre”. En todas ellas se distancia de ella. Enfatiza las relaciones espirituales por encima de la familiares, porque su verdadera familia es la de Dios. Esta es la que va a permanecer para siempre.

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