JOB Y SUS HIJOS

 “Job enviaba y los santificaba (a sus hijos), y se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: Quizá habrán pecado mis hijos y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los días” (Job 1: 5).

 Job, además de ser padre, era el sacerdote de sus hijos. Atendía a sus necesidades afectivas, físicas, y espirituales.

 Los santificaba.

Santificar es apartar para Dios. Job daba sus hijos a Dios cada día. Eran de Dios porque eran de Job y todo cuanto tenía Job lo había recibido de Dios y se lo había entregado. Dar un hijo a Dios es dedicarle al Señor, considerarle de Dios, y dejar que el Señor haga el resto de la obra a su tiempo. Es decirle al Señor: “Mi hijo es tuyo. Vino de ti y irá a ti. Continúa hoy tu obra en su vida”.

¿Cuántos años tenían los hijos de Job? Eran mayores ya y tenían sus propias casas (v. 13). ¡Job llevaba veinte o treinta años intercediendo por ellos de esta manera! No decía: “Ya son mayores; son responsables cada uno por sus vidas; mi trabajo ha terminado”, sino continuaba. La fidelidad de este hombre es asombrosa.

 Ofrecía holocaustos por cada uno. 

El equivalente hoy es pedir que Dios los perdone en base al sacrificio de Cristo en la Cruz. Él es la victima sacrificada por sus pecados. Como sacerdote intercedía por ellos para que Dios los perdonase. ¿Cada uno no tenía que confesar sus propios pecados? Sí. Pero en 1 Juan 5:14-17 leemos: “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye, y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hemos hecho. Si alguno viere a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida; esto es para los que cometen pecado que no sea de muerte… Toda injusticia es pecado; pero hay pecado no de muerte”.  Aquí tenemos una puerta abierta muy grande.  

 Podemos hacer como Job, el hombre más justo de la tierra, y pedir que Dios perdone los pecados de nuestros hijos, porque uno de los papeles de padres es ser intercesores a favor de nuestros hijos, es decir, ponernos entre Dios y ellos y rogar por ellos en base a lo que Cristo ha hecho en la Cruz, pidiendo que Dios les perdone, y el Señor lo hará. Esto es lo que ha prometido.

 ¿Dónde deja esta obra doble a tu hijo? Apartado para Dios, perdonado, y pendiente del resto de la obra de Dios en su vida.

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