LA ESTRELLA DE LA MAÑANA

 “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana” (Ap. 22:16).

 Esta expresión “la estrella de la mañana” arroja luz sobre la naturaleza celestial del Mesías y su venida: “Saldrá la Estrella de Jacob, y se levantará cetro de Israel…” (Números 24:17). “Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, saltaréis como becerros de la manada” (Mal. 4:2). “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones” (1 Pedro 1:19).

 Cristo es la primera luz de la mañana que señala el amanecer de una nueva edad: “E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal de Hijo de Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria” (Mateo 24: 29, 30). La expresión llama nuestra atención al resplandor, a la intensidad de luz que acompañará su venida.

 A los creyentes que vencieron y guardaron la fe y las obras de Cristo hasta el final, les es prometida la “estrella de la mañana”, es decir, la posesión de Jesucristo, y la bendita esperanza de la vida eterna: “Al que venciere y guardare mi obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre; y le daré la Estella de la mañana” (Ap. 2:26-28). El cielo es para vencedores.

 El creyente es alguien que decide que por la gracia de Dios va ser un vencedor, va a superar lo que sea, remontará y vivirá por encima de todos los problemas, tentaciones y pruebas que le vengan, y permanecerá fiel al Señor hasta el final. Esta es la persona que remonta con alas de águila y vuela por encima de las nubes negras, en comunión con Dios: “Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas, correrán, y no se cansarán; caminarán y no se fatigarán” (Is. 40:31). Es el que “vive por la fe del hijo de Dios” (Gal. 2:20), es decir, no por fe en Jesús, sino por la misma fe que sostuvo a Jesús. Él nos la imparte para vencer. Nuestra actitud es que voy a ser uno de los que vencen “por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio  de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte” (Ap. 12:11), a los cuales es prometido la “Estrella de la Mañana”; y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria”, y para siempre estarán con el Señor.


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