LA FORMACIÓN DE UN LÍDER 

“Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza. Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza. No descuides el don que hay en ti” (1 Tim. 4:12-14).

 No hay nada en el Nuevo Testamento para sugerir que el liderazgo de la iglesia podría quedar al cargo de una mujer. Todo lo contrario, Pablo establece claramente el orden de autoridad en 1 Cor. 11:3: “Quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo”. Solo podrías proponer otra cosa en base a la lógica o el razonamiento humano, pero nunca en base a las Escrituras. La iglesia que se forma con otra base que no sea la doctrina del apóstol Pablo no es la de Cristo (Ef. 2:20).

 Entonces, ¿cómo se forman estos líderes masculinos? En tiempos del Nuevo Testamento fueron formados por medio de la experiencia y la práctica. El Señor Jesús les mandaba a predicar a los discípulos y así aprendían. El apóstol Pablo los llevaba en sus viajes, les enseñaba a su lado, viéndole vivir y ejercer sus dones, y él les daba la oportunidad de desarrollar los suyos. Aprendían sobre la marcha participando en ministerios en la iglesia, y la congregación iba reconociendo dones al verles actuar.  

 Dios da dones y nosotros los reconocimos al verlos funcionar. Para ello, es necesario que los jóvenes tengan oportunidades para participar en el culto. ¿Cuáles son los que presiden con autoridad y solicitud? ¿Cuáles son los que comparten la Palabra con claridad y sabiduría? ¿Cuáles enseñan en el poder del Espíritu Santo, abriendo las Escrituras y dando el entendimiento? Esto se verá dando oportunidades a los jóvenes a participar en los cultos, al principio con aportaciones breves, y luego más largas, al ir viendo quienes son los que tienen dones de liderazgo espiritual.

 Acusamos una falta de líderes hoy día en nuestras iglesias. Nos tenemos que preguntar si la estructura de nuestros cultos da oportunidades para la fomentación de dones masculinos. Si el culto consiste en una hora de alabanza y una hora de predicación, no se formarán lideres jóvenes en la exposición de la Palabra. Los líderes serán los músicos, y los teólogos serán los que escriben nuestros cánticos de alabanza. En cambio, con un culto libre en que los jóvenes tienen espacio para participar y se espera que lo hagan, en el cual se les da cauce para usar y fomentar sus dones, sí se puede ver cuáles son los futuros líderes y ellos pueden ir formándose en el seno de la iglesia.

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