LA SEÑAL (1) 

“Habló también Jehová a Acaz, diciendo: Pide para ti señal de Jehová tu Dios, demandándola ya sea de abajo en los profundo, o de arriba en lo alto. Y respondió Acaz: No pediré, y no tentaré a Jehová. Dijo entonces Isaías: Oíd ahora, casa de David. ¿Os es poco el ser molestosos a los hombres, sino que también lo seáis a mi Dios? Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel” (Is. 7: 10-14).

             El contexto de este versículo que leemos cada Navidad es muy aleccionador. Siria e Israel habían declarado la guerra contra Judá porque ésta no quiso formar una alianza con ellos contra Asiria. Cuando el rey de Judá se enteró, su corazón desfalleció y se llenó de miedo: “Se le estremeció el corazón, y el corazón de su pueblo, como se estremecen los árboles del monte a causa del viento” (v. 2).  Dios envió al profeta Isaías para tranquilizarle con el mensaje que estos dos países no iban a conquistar Judá, ni poner su propio rey sobre Jerusalén: “Por tanto, Jehová el Señor dice así: No subsistirá, ni será” (v. 7). Y para confirmar que Dios cumpliría su promesa, le dijo al rey Acaz que eligiese una señal: “Pide para ti señal de Jehová tu Dios” (v. 11).

             Acaz no quiso pedir señal en incredulidad y desobediencia a Dios, dos cosas que siempre van juntas. Dios le dice: “Si vosotros no creyereis, de cierto no permaneceréis” (v. 9). La incredulidad y la inestabilidad van juntas también. Una persona incrédula delante de una dificultad tambalea como “los árboles del monte a causa del viento”. ¡El rey dice que no pedirá señal para no tentar al Señor! (v. 12). Su piedad es hipocresía pura. Isaías responde a su cinismo con estas palabras: “¿Os es poco el ser molestos a los hombres, sino que también los seáis a mi Dios?” (v. 13). Aquí va otra lección para nosotros. ¡Cuántos hay que son una molestia para los hombres y también para Dios! Acaz era uno. Su dureza de corazón llegó a ser una molestia para Dios. No queremos molestar al Señor con nuestra incredulidad, sino bendecirle con nuestra confianza y obediencia a Él.

             Como Acaz no pide señal, Dios le proporciona una. La señal que Dios escogió fue que antes de que pasasen unos años, en los cuales una joven se casaría y tendría un niño y el niño crecería hasta tener uso de razón, estos dos países enemigos, Siria e Israel, serían destruidos: el enemigo habría desaparecido. Dios usaría Asiria para destruirlos. Ellos no solo no destruirán Judá, serían ellos mismos destruidos. La señal para este rey incrédulo fue el nacimiento de un bebé. Dios le dice que si no cree, no será establecido (otra versión). Así sucedió y así supo que esta profecía vino de Dios. Si creyera, tendría paz durante los 3 o 4 años mientras esperaba. Si no, Dios todavía lo haría, pero él estaría temblando de miedo todo el rato como “un árbol del monte tiembla a causa del viento”. Cuando nosotros recibimos la Palabra de Dios, tenemos paz. Cuando no, Dios todavía la cumple, pero mientras tanto, estamos hechos un flan. La fe no determina lo que Dios hará, ni hace que las cosas ocurren, nos da paz mientras esperamos que Dios haga lo que dice que hará. Él hará lo que ha dicho, pero sin fe no le agradamos. Dios resolverá nuestros problemas. Si creemos, estaremos estables; si no, estaremos como un árbol temblando e el viento. ¿Estamos temblando o estamos firmes? Nuestra fe lo determina.

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