LA SEÑAL (2) 

“Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel (Dios con nosotros) (Is. 7:14).

Ayer estábamos viendo el contexto de este versículo citado por Mateo en la primera página de su evangelio, y leído cada Navidad. El contexto era que Dios iba a salvar a su pueblo Judá de destrucción de parte de Israel y Siria que habían formado una alianza contra ella, porque Judá no quiso confederarse con ellos contra Asiria. El niño se llamaría Emanuel porque la evidencia (la señal) de la presencia de Dios con ellos era esta salvación.

Dicho sea de paso: ¡Qué bueno que Judá no se confederase con Israel y Siria contra Asiria!, porque habría sido destruido por esa potencia mundial. Y también dicho sea de paso: ¡Que triste que Israel se confederó con este país pagano contra su hermana Judá!  La traición y la muerte fueron el contexto de la liberación de Judá.

  Observamos otra cosa: ¡Era evidente que Mateo no había estudiado nuestros libros evangélicos de hermenéutica!, porque sacó el versículo de su contexto histórico. El contexto de Isaías 7:14 no tiene nada que ver con el nacimiento del Mesías. Sin embargo, Mateo lo arranca de su contexto y ¡lo emplea para mostrar que Jesús nació de una virgen! ¡El Espíritu Santo que le inspiró tampoco había estudiado hermenéutica! Pero si partimos de la base que Dios puede interpretar a su Palabra como quiere, sin limitarse a nuestras normas, tenemos un texto en el Antiguo Testamento que confirma la divinidad de Cristo. Este que nació en Belén era Dios.

 Su nombre era Emanuel, Dios con nosotros. Mateo repite la misma frase dos veces en cuanto al nombre del Mesías: “Llamarás su nombre Jesús, porque el salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21) y Llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros” (Mateo 1: 23). El Niño nunca fue llamado Emanuel, sino Jesús. En el uso bíblico los nombres definían a la persona. Jesús significa Salvador y Emanuel significa Dios. Los dos juntos significan que el Salvador es Dios con nosotros, o Dios manifestado en carne humana.

 En el contexto histórico, Dios estaba con Judá para salvarla, pero el bebé no tuvo nada que ver con esta salvación. En el contexto del Nuevo Testamento, el Bebé era el Salvador además de Dios con nosotros. Nuestra Salvación es Dios. Dios es nuestro Salvador. Esto lo leemos en 1 Tim. 1:1 y 2:3: “Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador”. “Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador”. Para los Judíos que leían el evangelio de Mateo por primera vez no era nada nuevo que Dios era su Salvador, (ver Salmo 106.21; Is. 43:3 y 43:11: “Yo, yo el Señor, y fuera de mí no hay Salvador”; LBLA). ¡Lo nuevo es que su Salvador era Dios!  La Señal era su nacimiento virginal.    

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