LA SEÑAL (3) 

“Y los bendijo Simeón, y dijo a su madre maría: He aquí éste está puesto para caída y para levantamiento de mucos en Israel, y paraseñal que será contradicha… para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones” (Lu. 2:34, 35)

 Simeón fue un anciano que había recibido una revelación por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes de que viese al“Ungido del Señor” (Lucas 2: 26). No sabemos si había recibido esta revelación hacía poco o si llevaba años esperando la venida del Mesías. Si hacía tiempo, vivía cada año pensando que quizás sería aquel año que vería la Salvación de Dios. Iba envejeciendo, cada año que pasaba le llevaba más cerca del día esperado. Cuando era muy mayor, ya sabía que la venida del Señor era eminente. Si hacía poco que había recibido aquella revelación, la espera daba sentido a su vejez. En cualquiera de los dos casos, era un hombre que no solo recibía palabra profética para sí mismo y para otos, también andaba dirigido por el Espíritu de Dios.

 Es curioso que el nombre con el cual le refería a Jesús era: “el Ungido del Señor”, o sea, el Mesías, un título que refiere al poder y capacitación del Espíritu Santo para realizar su oficio. Jesús fue ungido por el Espíritu para su ministerio como Mesías, es decir, recibió el poder para llevar a cabo su obra de parte del Espíritu Santo. Simón también conocía la unción, capacitación y dirección del Espíritu Santo en su vida: “Y movido por el Espíritu, vino al templo”(v. 27). Y cuando vio entrar María y José con el Niño, sabía por revelación del Espíritu que este Niño era el esperado y abrió su boca lleno del Espíritu Santo para profetizar acerca del Niño y acerca de María.

 En cuanto al Niño, dijo que Él era la salvación de Dios, “la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel” (v. 31, 32); sería la salvación tanto de judíos como de gentiles. ¡Simeón era conocedor del misterio que Dios había guardado como secreto hasta tiempos del apóstol Pablo (1 Cor. 2:7)! A María le dijo que el Niño sería para “caída y para levantamiento de muchos en Israel”, para salvación de algunos y destrucción de otros, salvación para los que lo aceptaban y perdición para los que no creían en Él. Sería Señal“contradicha”, es decir, debatida, para unos el comprobante que Dios salvaría a su pueblo, para otros, fuente de confusión. Sería una señal rechazada mayoritariamente, como la piedra que los constructores rechazaron, que servía para tropiezo para muchos, pero que Dios usó como cabeza del ángulo para construir su Casa (1 Pedro 2:6-8).          

 El apóstol Pablo dijo: “Los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios” (1 Cr. 1: 22-24). Dios mandó la Señalque los judíos esperaban, el Bebé nacido de una virgin. Lo que hacemos con Él determina la suerte de cada ser vivo. Para los que le aceptan, señala el Camino al Cielo. 

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