LOS  “APARTADOS” 

“Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo,  retenéis la palabra que os he predicados, sois salvos” (1 Cor. 15:1, 2).


 En nuestros círculos tendemos a tener tres categorías de personas: los salvos, los apartados, y los incrédulos. Hemos notados con el paso del tiempo que la distinción entre creyente y no creyente se va borrando. Hoy día no nos consideramos tanto un pueblo apartado para Dios, diferente de los del mundo y separado de esta sociedad, como se veían los creyentes de hace 50 años, sino más bien personas que colaboran con la sociedad para hacer del mundo un mejor lugar donde vivir. Esto en cuanto a los incrédulos. Y en cuanto a los apartados, no los tenemos por perdidos tampoco, sino como “salvos sin estar en activo”. 
 Vamos a mirar nuestro texto. Pablo está escribiendo a los Corintios y les insta a seguir en la fe. Dice que son salvos siretienen el evangelio tal como él lo predicó. Dos cosas: otro evangelio, modificado para el siglo XXI, no salva. Y por otra parte, apartarse del evangelio no salva tampoco. ¡En seguido oímos objeciones! Algunos preguntarán: ¿Qué pasa con la persona que ha profesado fe, ha sido bautizado, ha servido en la iglesia, y se ha apartado? ¿Es salva? El apóstol contesta esta pregunta: es salva SI retiene la fe. ¡Ahora entra la teología evangélica, ideas preconcebidas, susceptibilidades, amor de madres, e ideas bonitas! Pero nos ceñimos a lo que dice el apóstol Pablo. No tenemos ojos espirituales para ver si esta persona ha sido sellada por el Espíritu Santo o no. Lo único que podemos ver/oír es su profesión y sus frutos. Un pastor que ha dejado la iglesia y a su familia y que ha vuelto a casarse y tiene hijos con la segunda mujer, ¿es salvo? ¿Qué dice tu teología evangélica? ¿Qué dice el apóstol Pablo? Lo es “si retiene la palabra”que Pablo predicó, no su propia versión diluida del evangelio.

Otro texto: Jesús “os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santo y sin mancha e irreprensible delante de él; SÍ en verdad permanecéis fundados en firmes en la fe” (Col. 1:22, 23)Si no, no. Santiago dice lo mismo: “Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados” (Sant. 5:19, 20).  Esta persona se ha apartado de la verdad. Va camino a la muerte. Pero si otro le hace volver, se salvará. Si no vuelve, no se salvará. Nuestro trabajo es ir a buscarle. Convencerle. Hacerle volver. No confiemos en su profesión anterior. ¡Búscale! Predícale el evangelio.  

 
Alguno dirá: “¡Qué precaria la salvación! ¡Con que facilidad se pierde!” En absoluto. La salvación nunca se pierde, el que se pierde es la persona que no ha sido salvo de verdad. Ha dado apariencia de serlo. Ha profesado fe. Pero no ha permanecido en el evangelio que predicaron los apóstoles, porque la fe que salva, perdura. Cuando un joven pastor fue examinado sobre su doctrina sobre la perseverancia de los santos, contestó: “Los santos perseveran”. Y así es, porque el poder del Dios omnipotente nos guarda (Juan 10:28) y nosotros continuamos en la fe, las dos cosas, independientes el uno del otro. Para los que creemos, nuestra salvación es tan segura como el trono de Dios.  

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