NACIÓ EN BELÉN 

“Pero tu, Belén Efrata aunque eres pequeña entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que ha de ser gobernante de Israel. Y sus orígenes son desde tiempos antiguos, desde los días de la eternidad” (Miqueas 5:2).

 ¡Curioso cómo el dato de su nacimiento en Belén sale en la profecía del Antiguo Testamento! ¡Dios hizo una cosa muy inteligente aquí! Es fácil que uno se presente pretendiendo ser el Mesías, pero no cuela, porque tiene que haber nacido en Belén. Un hombre con un pico de oro puede captar la imaginación y la aclamación de las masas, pero no puede demostrar ser el Mesías prometido por los profetas, ¡porque no puede arreglar las circunstancias de su nacimiento para haber nacido en Belén! ¡Nadie puede planear donde nace! Y Jesús nació en Belén, ¡un dato completamente fuera de su control!

 Jesús no solo nació en Belén en un rincón escondido, había todo un censo oficial para comprobarlo. Lucas nos anota los detalles: “Y aconteció en aquellos días que salió un edicto de César Augusto, para que se hiciera un censo de todo el mundo habitado. Este fue el primer censo que se levantó cuando Cirenio era gobernador de Siria. Y todos se dirigían a inscribirse en el censo cada uno a su cuidad. Y también José subió de Galilea, se la cuidad de Nazaret, a Judea, a ciudad de David que se llama Belem por ser él de la casa y de la familia de David” (Lucas 2: 1-4). Lejos de ser aburridos estos datos históricos, son esenciales para mostrar que nuestro Mesías tiene los requisitos legales y oficiales para serlo. Nuestra fe tiene sus raíces en la historia. Y estos datos son comprobables. No tenemos una religión compuesta de preceptos abstractos e ideas bonitas, sino que tenemos fe en una persona histórica, real, registrada en los archivos de Roma, abiertas a la investigación de historiadores entendidos. Consta que Jesús nació. Nadie puede negar estos hechos. Jesús es una figura histórica. Pueden someterse a su autoridad o no, pero no pueden negar su historicidad.

 La fe cristiana no es invención de un solo hombre, como otras religiones, sino que centenares de personas concuerdan para la formulación completa de la revelación de nuestra fe. El profeta Miqueas sigue en su profecía para darnos la identidad concreta del Mesías: “Pero tu, Belén Efrata aunque eres pequeña entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que ha de ser gobernante de Israel. Y sus orígenes son desde tiempos antiguos, desde los días de la eternidad”. El Gobernante que tenía que nacer en Belén es de origen divino. Su existencia data “desde los días de la eternidad”, pero su nacimiento en este mundo ocurre en Belén. Entonces el que nace es Dios venido en carne humana. Esto concuerda con los que Dios reveló al apóstol Juan: “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre” (Juan 1:14).

 

¡Es para parar sobrecogidos! Nuestra mente no puede abarcar esta revelación de golpe. Dios, en pocas palabras, había dado al profeta Miqueas una revelación completa acerca de la identidad del Mesías. Los “principales sacerdotes y escribas del pueblo” (Mateo 2:4) conocían esta profecía de memoria, pero no quisieron admitir que el Mesías esperado era divino, que su Mesías era su Rey y su Dios. Y por esto le crucificaron.         

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