“NO HAGO MAL A NADIE” 


“Por tus hechicerías fueron engañadas todas la naciones” (Ap. 18:23).

 Dios es Dios de toda verdad. Jesús es la Verdad. Y el diablo es el maestro del engaño. La Biblia habla de él en estos términos: “El gran dragón, la serpiente antigua, que le llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero” (Ap. 12:9). “Engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer en presencia de la bestia”(Ap. 13:14).  “Y la bestia fue apresada, y con ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen” (Ap. 19:20). “Y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años… Y el diablo que losengañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban las bestia y el falso profeta” (Ap. 20:3, 10). 

El engaño es una de las armas que usa el diablo para cegar el entendimiento de la gente que no cree en Dios. Promete y no da. Confunde. Hace ver que las cosas temporales son eternas y que lo real es lo material, no lo espiritual. Justifica una ética falsa con argumentos que parecen sólidos. Convence a la gente que no hay nada malo en lo que están haciendo, y se lo creen.

 

            Una mujer separada de su marido y que está durmiendo con su “novio” pregunta: “¿Qué hay de malo en esto?” Dice: “No hago daño a nadie”. Está muy engañada. Su niño pequeño del primer matrimonio no duerme. Está muy nervioso. Siempre está preguntando por el padre. Llora. Vuelve muy trastornado después de estar con el padre. El marido anterior está desesperado y quiere quitarse la vida. Los padres creyentes de esta mujer sufren lo indecible. Toda su familia y todos los que tiene alrededor sufren, ¡pero ella no hace daño a nadie! ¡Está feliz! El diablo la tiene convencida que lo que hace no repercute en la vida de nadie más. Y se lo cree.  Está ciega: “Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo” (2 Cor. 4:3, 4).

 

            ¿Cómo podemos hacerles ver a los que están cegados y engañados? Gracias a Dios que ¡la luz es más fuerte que la oscuridad! La luz siempre vence la oscuridad: “La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella” (Juan 1:5). “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de dios en la faz de Jesucristo” (2 Cor. 4: 6). La iluminación para disipar la oscuridad en la mente de estos que se pierden viene por medio de Él que resplandece en el corazón del creyente cuando el evangelio es predicado. En el versículo anterior Pablo dice:“Predicamos… a Jesucristo como Señor”.  Nosotros predicamos a Cristo y Dios da luz, entendimiento y vista a los ciegos. ¡Qué Dios nos llene de sí mismo para realizar esta labor tan necesaria!

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