NO TE DES POR IMPERDONABLE 

“Si mirares a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón” (Salmo 130:4).

 ¿Alguna vez has pensado que tu pecado ha sido tan grande que Dios no te puede perdonar? ¿O has conocido a alguien que ha dicho lo mismo? ¿O piensas que no hay esperanza para ti, que eres mala, y no puedes cambiar? ¿O piensas que la otra persona está más allá del alcance del perdón de Dios?

 No podemos dar una respuesta ligera a estos pensamientos. Si alguna vez hemos estado bajo la convicción de pecado por obra del Espíritu Santo sabemos que merecemos condenación, y que si Dios nos perdonase, será injusto. Toda justicia exige que vayamos al infierno, y ni la eternidad allí pagaría por lo que somos. Nuestro sentido de justicia pide nuestra condenación. Hay un abismo insuperable entre la santidad de Dios y el hombre. No hay fuerza humana que puede convertir en un santo a este pecador. La santidad no procede de nosotros. El perdón no puede ser ganado. El  Cielo nunca puede ser merecido.

 El salmista sabía esto: “De lo profundo, oh Jehová, a ti clamo. Señor, oye mi voz; estén atentos tu oídos a la voz de mi súplica. Si mirares a los pecados, ¿quién podrá mantenerse?”. No hay justo, ni uno. Y el pecado no es una mera tacha, es una horrorosa malformación. “Pero en ti hay perdón”. ¿Cómo? El salmista no sabía la respuesta. La estaba esperando: “Esperé yo a Jehová, esperó mi alma; en su palabra he esperado. Mi alma espera a Jehová, mas que los centinelas a la mañana, mas que los vigilantes a la mañana” (v. 5-6). Normalmente usamos estos versículos para expresar nuestra espera en Dios por la respuesta a nuestras oraciones, y hacemos bien, pero la oración más difícil de ver contestada es la petición por el perdón del pecado, porque es imposible que Dios nos perdone, a no ser que ocurra un milagro. La salvación tiene que ser el resultado de un milagro de la gracia de Dios, o no se va a producir. ¿Tú estás pidiendo por la salvación de un ser querido, y tu alma espera el mover del Espíritu más que los centinelas a la mañana? ¿Tu oración es: “Esperé yo a Jehová, esperó mi alma, en su palabra he esperado”? El salmista te contesta: “Espere Israel a Jehová, porque en Jehová hay misericordia, y abundante redención” (v. 7). Y luego te da la promesa: “Y él redimirá a Israel de todos sus pecados” (v. 8).

El salmista profetiza el milagro de la encarnación, la agonía de la Cruz, la gloria de la resurrección y la obra sobrenatural del Espíritu Santo trayendo convicción de pecado y alumbrando la mente para que pueda entender la obra de Jesús. Si Dios contara nuestras iniquidades, nadie podría permanecer (v. 3), pero con Él hay perdón debido al Calvario (Selah). Oh hermana, espera en el Señor, porque con Él hay abundancia de redención y Él redimirá a […] de todos sus pecados.

 Oh Padre, la larga espera fue el tiempo entre Adán y Cristo; la noche fue del dominio del pecado; abundancia de redención fue en la Cruz de Cristo; la mañana fue el día de resurrección; y la plena redención vendrá con la segunda venida de Cristo. Amén.

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