ORANDO CON PABLO POR MIS HERMANAS 

“Damos gracias a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, orando siempre por vosotros” (Col. 1:3).

             Padre amado, nunca podría darte bastantes gracias por mis hermanas.  Por medio de ellas has traído tanta bendición a mi vida que no sería la persona que soy sin ellas. Han estado conmigo en las horas duras de la vida, orando por mí y animándome. Me han servido, me han visitado, he comido en sus casas, hemos orando las unas por las otras con verdadero sentimiento, juntas hemos llorado nuestras  penas y dado gracias a ti por sus contestaciones, juntas hemos enterrado a nuestros muertos, y juntas hemos celebrado nuestras alegrías. Me han sacado de mí mismo y me han obligado a agrandar mi corazón para sufrir por, y orar por, más problemas que los míos. Me han soportado con cariño, han estimulado el uso de mis dones, les ha parecido bien lo que les he podido dar, y me han hecho sentir útil y valorada. Somos parte las unas de las otras y lo seremos por toda la eternidad amándonos, porque el amor nunca cesa.
 
Por ellas pido que sean llenas del conocimiento de tu voluntad en toda sabiduría y comprensión espiritual, que sepan cual es tu voluntad para ellas como creyentes y en sus decisiones personales, que sus vidas siempre puedan ser dignas del Señor, que su carácter refleje el de Jesús, que abunden en los frutos del Espíritu: que crezcan en el amor, el gozo, la paz, la bondad y el control de sí mismas.  
 
Bendice sus ministerios, tanto en sus hogares como en la iglesia y que estos ministerios den muchos fruto y que te puedan agradar en todo lo que hacen. Pido que sus hogares sean refugios llenos de tu paz. Bendice sus relaciones familiares, y que ningún hijo de ninguna de mis hermanes falte en aquel Día. Vuelve a escoger a sus hijos, guárdalos de todo mal y consérvalos para tu reino. 
 Y que lleguen a conocerte cada vez mejor. Llénalas con tu poder para llevar a cabo tu voluntad. Dales aguante con lo que tienen que sufrir. Que su fe nunca desfallezca, que puedan soportar sus problemas con gozo y confianza en ti, que siempre tengan tu consuelo y el poder para resistir y perseverar en medio de su sufrimiento, y que tu presencia alrededor de ellas les sea cada vez más real. Que puedan oír tu voz con facilidad y crecer en íntima comunión contigo hasta que tú las llames a casa. Padre, gracias que nos has puesto juntas para compartir la herencia de los santos en luz en tu reino eterno, hermanas y amigas para siempre. Amén. 
 

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