PACIENCIA CON LOS HERMANOS 


“Siempre damos gracia a Dios por todos vosotros, haciendo mención de vosotros en nuestras oraciones” (1 Tes. 1:2, 3).

 

El Señor quiere que nos llevemos bien con todos nuestros hermanos. Él es quien los ha puesto en la familia para nuestra edificación, y puede ser que ¡su forma de edificarnos es enseñarnos paciencia! Son variados, y si somos quisquillosos, podemos encontrar la falta con cada uno:

 

·         Está el hermano “Yo primero”. Este siempre tiene que ser el primero en pedir un himno, en orar, en compartir.

·         Está el hermano “Tardón”. Nunca llega a ningún sitio a la hora. Llega tarde a la reunión y distrae la atención de todos.

·         Está el hermano “Interruptor”. Este siempre tiene que interrumpir y meter sus ideas, que, muchas veces no tienen nada que ve con el tema que se está tratando, porque tampoco escucha. Está pensando en lo que va a decir.

·         Está el hermano “Incordiar”. Es el que logra poner a todos de los nervios. Hace comentarios que ofendan sin darse cuenta.

·         Está el hermano “Quejica”. Este nunca dice que está bien. Lo mejor que se puede encontrar es “tirando”. Siempre tiene un dolor o un problema.

·         Está el hermano “Parlanchín”. Este nunca deja de hablar. Cuando tú quieres meter una palabra te dice: “Escucha”, y sigue hablando.

·         Está el hermano “Despistado”. Nunca comprende lo que se dice, nunca encuentra el lugar en la Biblia, nunca presta atención.

·         Está el hermano “Espiritual” que siempre tiene que orar más largo que nadie. Anda mal de matemáticas y no sabe dividir el tiempo disponible entre el número de hermanos presentes.

·         Está el hermano “Yo no estoy de acuerdo”. Nunca está de acuerdo. No puede dejar pasar nada sin contradecir y presentar una opinión contraria a la que se ha dicho.

 

Pues, todos estos están presentes en una reunión y ¡el Señor nos manda a amarnos! ¡Cuánto aprendemos de la dureza de nuestro propio corazón! Pidamos que el Señor nos muestre cómo somos nosotros, esto, en el primer lugar, y, en segundo lugar, que nos dé paciencia, pero hemos de empezar nuestra oración como nos enseñó el apóstol Pablo, dando gracias por el hermano en cuestión: “Siempre damos gracia a Dios por todos vosotros, haciendo mención de vosotros en nuestras oraciones, teniendo presente sin cesar delante de nuestro Dios y Padre vuestra obra de fe, vuestro trabajo de amor y la firmeza de vuestra esperanza en nuestro Señor Jesucristo” (1 Tes. 1:2, 3). Puede ser que tengan faltas, pero estas son solo un detalle en medio del conjunto de una obra preciosa que el Señor está haciendo en sus vidas. ¡Son hermanos magníficos, de mucho ejemplo, y los amamos de corazón!   

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