¿PARA QUÉ? 

“Os aseguro, hermanos, por la gloria que de vosotros tengo en nuestro Señor Jesucristo, que cada día muero. Si como hombre batallé en Efeso contra fieras, ¿qué me aprovecha? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, porque mañana moriremos” (1 Cor. 15:32).

Pablo está en medio de un largo argumento acerca de la certeza de la resurrección. Ha hablado de los testigos oculares que vieron a Jesús después de resucitado, de su propio testimonio de haber visto al Señor vivo después de su ascensión, de la base bíblica por creer en la resurrección, y de los que estaban enfrentando peligro, persecución y muerte en aquel mismo momento por su fe en el Cristo resucitado. Habla de lo que le está costándole a él mismo seguir a Jesús. En todo momento está expuesto a la muerte. Cada día que se levanta enfrenta la posibilidad de ser capturado y sufrir el martirio por amor a Jesús. Dice: “Cada día muero”. Pone su vida en el altar cada día para pagar el último precio por su fe en Cristo. ¿Para qué sufrir tanto si Cristo no resucitó? No tiene sentido. Sería más sensato dedicarse a comer, beber y trabajar, si Cristo no resucitó.

Si Jesús no resucitó, no hay esperanza fuera de esta vida. Esta vida es todo lo que hay. No ofrece mucho: comer, beber y poco más. Unos comen más, otros comen menos, todos se enferman y mueren. Esta vida ofrece poco sin la esperanza de una vida futura de plenitud, felicidad total, con un cuerpo perfecto que no se debilita ni se enferma ni muere, un cuerpo glorioso con fuerzas sin límite, adaptado a la vida en abundancia que no termina nunca. El apóstol va a meterse de lleno en este tema un poco más adelante en este capítulo, pero por ahora quiere enfatizar que si solo en esta vida tenemos esperanza, somos dignos de lástima, porque, de todas formas, esta vida fuera de Cristo no es gran cosa. ¿Qué ofrece? Comida y bebida. Si Cristo no resucito, no hay más, así que aprovechar de lo que pueda ahora, porque no nos espera nada más.

Qué pobre es la esperanza de la persona que solo tiene esta vida. ¿Qué ilusión puede tener? “Comer y beber porque mañana moriremos”. Esto es patético. Es fatalismo. Es resignarse a lo poco que hay, intentar satisfacerse con esto, porque no hay más, y después morir. Esta es la esperanza del no creyente, satisfacer sus apetitos carnales con la comida, la bebida, el sexo, el descanso, la diversión, y después morir. Y se acabó. ¿Para esto hemos venido a este mundo? Esta es una vida animal. Un perro tiene una esperanza parecida: come, bebe y se muere. ¿Somos perros? Si no hubiera resurrección, no solamente sería necio sufrir por Cristo, porque él estaría muerto, y no nos podría dar nada, sino también estaría desesperanzador. No solo no vale la pena sufrir por el evangelio, sino no vale la pena nada. Si esta vida solo ofrece comida y bebida, y todo acaba con la muerte, ¿para qué sacrificarse para nada? Que cada uno intente alcanzar todo el placer que pueda antes de que la muerte le alcance. El que piensa que lo material es todo lo que hay tiene que admitir que sin el evangelio la vida es absurda.          

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