PETICIONES EN TORNO A LA PALABRA

 "Vivifícame según tu palabra” (Salmo 119:25).

 En el Salmo 119, todo ello dedicado a la Palabra de Dios, entre los versículos 25 y 110 encontramos una serie de peticiones en torno a la Palabra: que Dios nos vivifique, que nos enseñe, que nos sostenga por medio de ella. El salmista ora: “Abatida hasta el polvo está mi alma; vivifícame según tu palabra” (v. 25). Está desfallecido. Se encuentra postrado y pide que Dios le dé vida por medio de su Palabra. Su problema no es falta de fe, ni desobediencia, ni desconfianza en Dios. Está mal anímicamente y sabe que la Palabra de Dios le puede levantar del suelo y darle fuerzas para andar. Pide que Dios le hable por medio de su Palabra, porque esto vivificará su alma.

 “Te he manifestado mis caminos, y me has respondido; enséñame tus estatutos” (v. 26). Ha andado delante de Dios, abiertamente, sin esconder nada, y desea que el Señor le enseñe sus estatutos para que sepa cómo tiene que vivir: “Hazme entender el camino de tus mandamientos” (v. 27). El que va en el camino de Dios siempre está pendiente de más enseñanza en cuanto a cómo debe andar por él para agradar a Dios.

 “Se deshace mi alma de ansiedad; susténtame según tu palabra” (v. 28). Pensamos: “¡Seguramente éste no será creyente! ¿Cómo puede encontrar un creyente en este estado de nervios? ¿No ha leído Fil. 4:6 y 7?”  Pues, sí que lo es, y está pidiendo a Dios que le sostenga por medio de su Palabra. Esto es lo que quita la ansiedad y nos devuelve la paz.

 “Aparta de mí el camino de la mentira, y en tu misericordia concédeme tu ley” (v. 29). Sabe que la vida está llena de engaños y solamente en la Palabra de Dios hay  verdad. La ley de Dios es verdad, como decía el Señor Jesús: “Tu palabra es verdad” (Juan 17:17). Todo lo demás es mentira. La ley de Dios no es un legalismo, es una liberación, es luz y guía para nuestro camino.

 “Enséñame, oh Jehová, el camino de tus estatutos, y lo guardaré hasta el fin” (v. 33). Este hombre quiere aprender, ¡y se compromete! ¡Qué compromiso más grande: “lo guardaré hasta el fin”! “Dame entendimiento, y guardaré tu ley. La cumpliré de todo corazón” (v. 34). “Guíame por el senda de tus mandamientos, porque en ella tengo mi voluntad” (v. 35).  Su compromiso es total. Ha hecho una decisión: va a vivir según los mandamientos de Dios. Reconoce las tentaciones que tendrá en el camino de Dios y pide al Señor que ame su palabra más que el dinero: “Inclina mi corazón a tus testimonios, y no a la avaricia” (v. 36). Necesita que Dios incline su corazón, porque dejado a lo suyo, su corazón le guiaría mal.

 “Aparta mis ojos, que no vean la vanidad; avívame en tu camino” (v. 37). La vanidad en las Escrituras son los ídolos. No quiere ir mirando vanidades. Pide avivamiento para andar en la palabra de Dios. “Haz que yo anhele tus mandamientos; vivifícame en tu justicia” (v. 40). Efectivamente, quiere avivamiento para vivir una vida de justicia en los caminos de Dios. Podemos pedir lo mismo, que el Señor nos vivifique para que anhelemos su voluntad, la conozcamos y andemos en ella.

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