¿RAZONAMIENTO O REVELACIÓN? 


“No entendía” (Job 42:3).

 Si el libro de Job nos enseña algo, es que razonando para comprender el porqué de nuestras angustias no nos lleva a ninguna parte. ¿Por qué sufría Job? Los tres amigos con toda su espiritualidad y inteligencia no logran descubrir el motivo de su dolor razonando. Cuánto más piensan para saber esto, más se alejan de la verdad. (El cuarto, que no era amigo, habla larga y tendidamente, ¡seis capítulos seguidos!, pero no para consolar a Job, descubriendo el motivo de su sufrimiento, sino para acusarle y destruirle en medio de ello.  Lo hace mediante razonamientos perversos).
 Job sabía que el motivo de su pena no era su culpabilidad. Hasta allí llegó, pero no sabía lo que sí era. También sabía que no era porque Dios es malo, o arbitrario, o indiferente, o impotente ante el dolor humano, ni porque a Dios le falta sabiduría. Job sabía mucho revelante a su situación, pero no llegó a comprender el gran dilema de lo que le pasaba hasta que Dios no se lo revelara.
 Cuando lo comprende dice: “Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti”(42:2). ¿Esto lo sabes tú? ¿Sabes que Dios todo lo puede? ¿Qué has de vivir para llegar a creerlo? Job reconoce que estaba intentando razonar cosas demasiado profundas para la mente humana: “Yo hablaba lo de no entendía” (42:3). Solo comprende cuando Dios le revela lo que le estaba pasando. Y tú y yo solo comprenderemos el motivo de nuestro dolor, la solución a nuestros enigmas y perplejidades cuando Dios nos los revele. Esperemos esta revelación. La presencia de Dios da luz y la Palabra de Dios alumbra nuestra mente. En su luz vemos la luz.
 El salmista tuvo la misma experiencia con otra problemática. No comprendía por qué los malos prosperan. ¿Por qué nos los castiga Dios? ¿Cómo es que se lo permite?  Dice: “Cuando pensé para saber esto (comprenderlo), fue duro trabajo para mi, hasta que entrando en el santuario de Dios, comprendí el fin de ellos” (Salmo 73:16, 17). Pensando, no sacó nada en claro. En la presencia de Dios, en el santuario de Dios, todo se le aclaró.
  El apóstol Pablo testifica de lo mismo. No comprendía por qué Dios había abandonado a su pueblo Israel a favor de los gentiles. Agonizaba por su pueblo. Dios le reveló que Israel estaba en incredulidad para dar la oportunidad a los gentiles, pero que después los judíos volverían a Dios (Romanos 11:25-32). ¡El plan de Dios ha sido brillante! Exclama: “¡O profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le sea recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén”(Romanos 11:33-36).  

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