TIMOTEO EN CORINTO 

“Y si llega Timoteo, mirad que esté con vosotros con tranquilidad, porque él hace la obra del Señor así como yo. Por tanto, nadie le tenga en poco, sino encaminadle en paz, para que venga a mí, porque le espero con los hermanos” (1 Cor. 16:10, 11). ¡Timoteo iba a visitar la iglesia de Corinto! ¡Pobre hombre! Los corintios le podrían comer vivo. Timoteo era de disposición tranquila, un hombre pacifico y un poco tímido, se deduce. No tenía mucha personalidad, pero sí tenía muchos dones y era una persona muy capacitada para enseñar y ayudar a la iglesia. Pablo dice: “Nadie le tenga en poco”. Es lo mismo que dice a Timoteo mismo en otra ocasión: “Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor espíritu, fe y pureza. Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura. La exhortación, y la enseñanza. No descuides el don que hay en ti” (1 Tim. 4: 12-14).  De eso vemos que Timoteo era joven, pero tenía dones destacados en la enseñanza y la exhortación.

 ¡Pablo les dice a los corintios que no agobien a Timoteo, que pueda estar bien entre ellos, tranquilo, que no le pongan nervioso, y no le inquieten y no le asustan con sus cosas! Esta iglesia apenas se sometía al apóstol Pablo; ¿cómo se iba a someter a Timoteo?  Pablo les ordena a no fastidiarle, sino a respetarle, “porque él hace la obra del Señor así como yo”. Pablo le pone en la misma categoría como a sí mismo, un obrero del Señor. La humildad de Pablo es asombrosa. Él quiere que respeten a Timoteo como si fuese él mismo.

 Pablo está formando a este joven en el servicio del Señor: habla bien de él, le recomienda, le defiende, le enseña a no tenerse en poco, ni dejar que otros lo hagan, le anima en el uso de sus dones, y le da oportunidades para ministrar en las iglesias. Cuando Pablo ya no esté, habrá otros que puedan seguir adelante con el ministerio en su lugar. Timoteo será uno de ellos.        

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