VINO PARA SER REY 

“Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo” (Juan 18:37).

             Al  principio de su evangelio, Mateo presenta a Jesús como el Cristo, el Mesías, el Rey. Nada más salir el anuncio de su nacimiento, se estalla un gran conflicto con Herodes, ¡cuyo titulo oficial fue “rey de los judíos”!, entre las pretensiones de Jesús y los suyos. El resultado inmediato fue la masacre de los inocentes (Mateo 2). Este conflicto de intereses entre el reino de Jesús y los reinos de este mundo siguió durante todo su ministerio y culminó en su ejecución. Al final del evangelio tenemos la confrontación entre el rey Herodes[1] y Jesús, y la interrogación de Jesús por parte del gobernador romano, Pilato, sobre esta cuestión: ¿Quién es el rey y cuál era su jurisdicción?: “Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el rey de los judíos? Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí” (Juan 18:33, 36).

                       A estas alturas los líderes religiosos entendían que las pretensiones de Jesús eran espirituales, no políticas, pero les venían bien echar mano a este argumento para exigir su ejecución. Pilato le dijo: “Tu nación, los principales sacerdotes, te han entregado a mí” (Juan 18:35).  Y esta fue la escusa para su crucifixión: “Escribió también Pilato un titulo, que puso sobre la cruz; el cual decía: Jesús nazareno, rey de los judíos” (Juan 19:19). Curioso, pero fue escrito en tres idiomas: hebreo, griego y latín, para que todos los pueblos que pasaban por allí podían leerlo. Dios usó este título para anunciar al mundo que el que moría allí no era solo el rey de los judíos sino el Rey cuyo dominio extendía más lejos que las fronteras de Israel. Podía ser el Rey de cuántos lo quisieran,   tanto de judíos como gentiles: Por esto había venido a este mundo, y por esto estaba muriendo crucificado, para ser nuestro Rey, porque el camino al Trono pasa por la Cruz.

             Jesús dejó su reino celestial para venir a este mundo para ser el Rey de cuantos se someten a su gobierno. ¿Es tu Rey? ¿Tu vida se rige por su Ley? ¿Estás a sus órdenes?  Como cantamos, dejó su trono y corona gloriosa por mí, para ser Rey de mi pobre corazón. ¡Asombrosa humildad! ¡Magnifica condescendencia!  Este maravilloso Rey es mío, y mi gloria es tenerle como tal.      

 [1] El Herodes de la infancia de Jesús era Herodes el Grande y el que intervino al final fue Herodes Antipas, su hijo.

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